¡Primer aniversario de casados!

18 noviembre 2015

Este pasado domingo hicimos nuestro primer año de casados. Un año ya! El tiempo vuela!
Quiero contaros un poquito la historia de nuestro gran día. Normalmente en todas las bodas suelen pasar “cosas” pero nosotros tuvimos la “súper suerte” de que nos pasaran incluso antes.

El que ya está casado sabe que preparar una boda es agotador en algunos momentos. Quieres que salga todo bien, que todo el mundo disfrute, que la comida esté buena, que los detalles sean originales… Encima, en los tiempos que corren, buscas que sea algo económico, que no debas vender uno de tus riñones para pagar la boda!

Nosotros tuvimos que decidir muchísimas cosas sobre la marcha. Al principio no queríamos fotógrafos ni videógrafos en nuestra boda porque precisamente en la familia tenemos gente apasionada a la fotografía; ahora bien, ellos también eran invitados y debían disfrutar del momento sin ir cámara en mano. El tema del vídeo no queríamos contratarlo (porque es TAN CARO TODO!!!) pero después de visitar muchas páginas sobre bodas e informarte, te topas con que uno de los mayores errores es no contratar un videógrafo. Dentro de 50 años seguro que querremos vernos en movimiento!

Total. Contratamos el pack. Y así con un centenar de cosas más. Excepto la luna de miel. No íbamos a tener luna de miel. Nuestra situación económica no contemplaba un súper viaje de unos cuantos miles de euros. Nos dijimos a nosotros mismos que al año siguiente ahorraríamos para hacer nuestro viaje del “primer aniversario”.

Las semanas antes a la boda fueron un caos. Un caos LITERAL. Y no lo digo por los nervios, ni nada de eso. A 20 días de la boda ingresaron en el hospital a mi madre muy grave. Grave de “al borde de la muerte”. Mientras el último mes muchas novias lo dedican a mimarse, a darse masajes, tratamientos de belleza y demás; yo me lo dediqué a dormir –si se le puede llamar así– en un hospital por las noches y estar todo el día al pie del cañón.

Por suerte, unas semanitas antes teníamos a mi madre ya en casa. No diré sana y salva, diré “fuera de peligro”. Menos mal que su vestido lo hacía la modista del mío, porque tuvieron que retocárselo ENTERO de la cantidad de peso que había perdido. Mi última prueba de vestido, la prueba de maquillaje y peinado, etc… No fueron como las de cualquier novia. Estaba más pendiente de llegar a casa para que mi madre descansase que de mirarme yo al espejo.

La noche antes del gran día, Albert se fue a dormir a casa de sus padres y yo a casa de los míos. Ya quedaban horas para casarnos. Ya habíamos “sufrido” bastante.

Pues se ve que no lo suficiente. A las 11 de la noche empezamos a recibir llamadas de algunos de nuestros invitados. De repente nos encotramos que 9 personas no podían asistir a la boda. La noche de antes!!! Y todas por razones de mucho peso, pobrecitas… Una invitada en el hospital ingresada, otros de parto y unos de funeral, así, en resumidas cuentas.

Llamé llorando a Sonia, la chica que nos lo llevaba todo en el restaurante. Como me alegro de haber pagado por una profesional que se encargase de todo allí. Ella se encargó de que las mesas no pareciesen vacías (que lo estaban) y me tranquilizó por teléfono.

El gran día ya había llegado. Podéis pensar que todo salió bien, pero como ya os he dicho más arriba: en todas las bodas suele pasar algo. La nuestra no iba a ser para menos!

Llegada al Ayuntamiento. Casi no hay gente esperando abajo. Lo primero que pienso es que llego tarde y que todo el mundo está arriba esperándome.
Pues no. El autocar con toda la familia del novio –inclusive el niño con los anillos– no había llegado por un problema con la rampa para minusválidos y la abuela de Albert.
En ese momento lo único que pensé fue: Bueno, no pasa nada, ya está. Estamos Albert y yo, si nos casamos sin familia y sin anillos, pues ya está.
Era eso o ponerse a llorar a lágrima viva.

Doy gracias a los novios de la boda de antes; benditos ellos que tuvieron música en directo y se retrasaron 15 minutos más de lo acordado. Amén. Gracias a ese cuarto de hora dio tiempo a que casi toda nuestra familia llegase; y digo “casi toda” porque nos faltó gente lamentablemente.
A partir de ahí, todo fue como la seda. ¡MENOS MAL! Disfrutamos, reímos, brindamos, comimos súper bien y bailamos mucho.

No fue la boda perfecta quizás, pero fue nuestra boda. No se nos pasó rápido porque decidimos vivir cada momento de la manera más intensa posible.

Ah! Y tengo que deciros que al final tuvimos una luna de miel algo inesperada. Llamamos a mis primos “los súper viajeros” y les dijimos que nos echaran una mano a montar un viaje de pocos días, baratito y mágico.
¿Os imagináis a donde fuimos?










Sí señores! Londres! Teníamos muchas ganas de ir. Mis primos han ido un montón de veces (y mira que ellos viajan mucho); así que “algo tiene que tener Londres”. Pues eso, nos encantó, y repetiremos seguro. Muy pronto. Bueno, no tan pronto.

Me queda informaros de que este año tenemos nuestro viaje de “primer aniversario”. No es Tailandia ni el Caribe… Pero seguro que es igual de perfecto para nuestra escapada romántica.


Es perfecto viajar en esta época y ver la decoración navideña ya puesta!

¡Deseadnos buen viaje!

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